Un poco de historia
De acuerdo con Cecile Solá, y según lo atestigua la primera inscripción de la propiedad, fechada en 1947, el propósito del local siempre fue hacer de él un cine para proyectar películas. Por esta razón, arguye la propia Cecile, resulta por demás curiosa la estructura en forma de hangar. "La verdadera razón para ello nadie la conoce", manifestó.
En cualquier caso, su padre, don Mario, durante gran parte de su vida profesional fungió como distribuidor de películas, "principalmente las del cine mexicano y las 'western'", continuó relatando Cecile. Ya metido en la industria, a partir del 1975 el Sr. Solá se dedica también a administrar el Cine Roosevelt y en 1978, en cuanto se le presentó la oportunidad, lo adquirió.
"Hasta hace más o menos dos años, cuando papi se retiró, él y mami, con la ayuda de mi esposo, estaban aquí (en el cine) todas las noches", recuerda la orgullosa hija. "De hecho, mi hijo Mario, que ahora reside en Nueva York, vendía los dulces y el popcorn cuando tenía catorce años", añadió Cecile. Su otro hijo, Milton Garland, Jr., también les da una ayudita cuando no está ocupado con su trabajo regular.
El equipo de trabajo se completa con Edwin Bauzó, quien ha estado laborando como proyeccionista por más de 20 años.
Lo más importante
Cuando se dice que el Cine Roosevelt es un "cine de familia", esto no sólo se refiere al hecho de que por más de 25 años las familias Solá y Garland han estado aquí, al pie del cañón. El término "de familia" es utilizado por todos ellos en su sentido literal, pues doña Rosa, particularmente, siempre antepuso su ética personal y familiar al usufructo de la taquilla. "Mami siempre seleccionaba películas que fueran dirigidas a la familia", sostiene Cecile, "y no importa cuán taquillera fuera un filme, si no lo encontraba apropiado, no se proyectaba, y punto". Y todo parece señalar que, aunque hoy día las cosas han cambiado bastante, Milton Garland también piensa seguir siendo selectivo al escoger la temática de sus películas.
Fieles y constantes
Cecile quisiera que los amigos fieles y constantes que han respaldado al Cine Roosevelt durante casi tres décadas de la administración de su familia, lo continúen haciendo por mucho tiempo más. "Espero seguir contando con la asistencia habitual de la gente que ya viene fijo unos días en particular", comenta esperanzada la Sra. Solá. "Mira si son fieles", añade muy sonriente, "que cuando vienen un día que no es el acostumbrado, al verme casi siempre exclaman: '¡Vine fuera de día!'".
Pero, por supuesto, tanto para ella como para su familia, lo que cuenta de verdad es volver a ver, una y otra vez, los mismos rostros. Amigos que un día son unos niños de apenas diez años y cuando uno quiere darse cuenta ya son hombres y mujeres que se presentan un buen día con toda su familia. Amigos, repetimos, que les inculcarán a sus hijos los mismos valores y las mismas tradiciones, entre las cuales seguramente estará el seguir patrocinando el cine del barrio.