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El valor de una película puertorriqueña
Por Luis Freddie Vázquez
JUEVES 27 DE ENERO DE 2010
Mucho se comenta sobre el desarrollo del cine en Puerto Rico y en que punto estamos en estos momentos. Esa pregunta debería tener varias contestaciones que ahora no analizaremos.
Pero lo que siempre se nos escapa de esa discusión es cuan importante es una película puertorriqueña en el momento histórico en que se filma, más aún quienes fueron sus realizadores y los actores que la protagonizaron enmarcados en ese tiempo. La melancolía o añoranza de recordar una época, nos hace buscar tal o cual película que dejó unas imágenes permanentes para el resto de nuestras vidas. Partiendo desde este punto, las películas puertorriqueñas que se exhibieron en la década que finalizó (2000 a 2010) serán recordadas para el año 2030, y entonces pasará igual que con los clásicos al día de hoy: la famosa La guagua aérea (1993) que donde quiera que vamos es la mas solicitada, Lo que le pasó a Santiago (1989), en conjunto con La gran fiesta (1985) y Linda Sara (1994). Pero lo que realmente recordamos de esas películas quizás es la temática, quizás las sitios donde se filmaron, quizás el evento que fueron o los actores del momento. Les daré varios ejemplos: ¿quién no recuerda aquella famosa escena de La gran fiesta donde Raúl Julia nos demuestra sus quilates como actor en el famoso “sacro santo recinto” como él dice en la escena, Casino de Puerto Rico, donde se va a entregar a manos extranjeras? ¿O aquella romántica escena en donde Chayanne y Dayanara Torres nos deleitaban con sus besos en Linda Sara, aquel estreno que pasó al libro de Guiness de La guagua aérea, o aquella nominación al Oscar de Lo que le pasó a Santiago, cuando todo el mundo observaba con nerviosismo la entrega de ese año? Pero aún más interesante que estos eventos, las películas nos muestran el desarrollo de Puerto Rico en varias facetas sociales, económicas y políticas.
Vemos a finales de los 50, películas como lo son Maruja, que nos presenta la infidelidad de la mujer, tema prohibido en aquella época y que causó revuelo en el país. El otro camino y Ayer amargo retratan el desarrollo económico con sus problemáticas sociales y diferentes locaciones importantes como La Perla en todo su esplendor. El clásico Los peloteros con Ramón Rivero Diplo presentando un Puerto Rico virgen. Una criada malcriada con su recorrido por el puente del Condado y los actores de comedia recordados con mucho cariño.
Aquellas películas de delincuentes que nos muestran el lado oscuro de la historia como La venganza de Correa Cotto, Correa Cotto así me llaman, Arocho y Clemente, Operación Tiburón ó La Palomilla.
Es muy interesante observar como las personas se acercan y preguntan por las películas que una vez los cautivaron y que al pasar de los años las convirtió en valiosas. Estos quieren resaltar los quijotes de aquella época que, igual que hoy día, sufrían en demasía para dejar una pieza histórica para futuras generaciones… si, así como lo lee, una pieza histórica. Cada película tiene una motivación, y es un esfuerzo gigantesco el levantar un proyecto. Hay que recordar cuan valiosos y atrevidos son cada uno de estos proyectos que se hacen en una isla 100 x 35 que no tiene industria de cine, pero tiene una historia rica e interesante.
La próxima vez que se detenga a observar una película puertorriqueña analice que de aquí a 20 ó 30 años será un clásico y quizás usted quiera recordar como era el cine en principios del siglo 21, donde se comenzó la era digital en los cines.
Entonces recordaremos títulos como 12 horas la primera, con las calles de Santurce y la vida nocturna, Maldeamores con sus historias de pueblo, Taínos con paisajes bellos del interior de la isla , El Cimarrón con retratos de Vega Baja, haciendas y poblados, Contraseña con su piratería y el retrato del Centro de Convenciones original y Ventana al Mar, Aventura Verde con su parque ecológico Punto Verde, Fuera de tinieblas con su mensaje y sus valores, Party Time con la música y los retratos de los 80’s, Mi verano con Amanda con las ocurrencias del rockero loco y el personaje de Chicho que nos hizo reír con sus fobias y ¡Que Despelote! la película más taquillera del 2010. Películas arriesgadas como Irak en mí, Miente o Las dos caras de Jano entre otras, se quedarán en nuestras mentes por su temática fuerte y directa. Y Talento de Barrio la Película más taquillera de todos los tiempos.
Pero todas formaran parte de un cine sin restricciones, ni fronteras, un cine autóctono, de aquí, PUERTORRIQUEÑO que recordaremos por sus retratos, sus actores, sus temáticas y por el momento histórico cuando se filmaron. Celebremos que en la década del 2000-2010 hubo sobre treinta producciones puertorriqueñas en pantalla, esas que en el 2030 recordaremos con nostalgia.
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Cinefilia
20 Noviembre 2010
Parece que a cada rato hay algún evento, presentación o festival de cine pasando en alguna institución cultural o teatro independiente. El problema es que usualmente no me entero hasta que está pasando o a punto de pasar, cuando mis amistades— que de alguna manera que no me acaban de explicar se enteran de estos eventos—los promocionan por Facebook, pero ya no me da break para planificar, montar un grupito, sacar el tiempo para ir…
Pero ahora… tengo blog de cine. Ya no hay excusa que valga. De algo tengo que escribir.
Así que después de dejar pasar el Queer Film Fest, una presentación gratuita de cortometrajes por jóvenes en el Ateneo Puertorriqueño y la presentación de “Somers Town” de la Sociedad de Cine de Puerto Rico, decidí investigar qué viene por ahí para poder estar preparada.
Desde un principio la pregunta fue: ¿Qué recursos hay disponibles para que uno pueda enterarse de estos eventos e ir a apoyar el cine en Puerto Rico? Y recurrí a mi mejor amigo, el Internet, para contestar esa pregunta.
Esto es lo que pude encontrar para fin de año:
El Festival Internacional de Cortometrajes Cinears: 2 al 5 de diciembre en el Teatro Beckett, las presentaciones serán de 7pm-9pm, excepto el domingo que es la premiación. La competencia incluye cortos locales al igual que internacionales que serán premiados tanto por dirección y guión como por aspectos técnicos como sonido y hasta mejor poster. No encontré cuanto cuesta la entrada.
Cinearte Bajo las Estrellas en el MAC: Cine al aire libre el último miércoles de cada mes en el patio del Museo de Arte Contemporáneo (MAC) en Santurce, costo: $3. Según un artículo que encontré en la página de WapaTV (ya que no había mucha información en la página del museo), es una serie que comenzó este pasado 17 de noviembre con la película de Pedro Almodóvar “Mujeres al borde de un ataque de nervios” y próximamente presentará “Memento”, “La Ciénaga”, “The Adventures of Priscilla Queen of the Desert”, “Run, Lola, Run” y “Central Station”.
Nuevo Cine de la Sociedad de Cine de Puerto Rico: Según la página de la Sociedad de Cine: “Nuevo Cine exhibirá […] películas ganadoras de premios internacionales que por lo regular no tienen la viabilidad de llegar a las pantallas locales ya que este tipo de película es tradicionalmente marginada por las películas de superproducción de Hollywood y enfrenta costos de mercadeo que le hacen imposible llegar a audiencias apreciativas.” Son el tercer miércoles y jueves de cada mes en la Galería Nacional en el Viejo San Juan a las 7pm y 9pm respectivamente, entrada gratuita. La próxima y última por el año será “Welcome” de Philippe Lioret. Todavía no hay información en el sitio web si continúa la serie en el 2011.
No es mucho pero tampoco se me hizo fácil de encontrar. Tal vez es porque trabajo para una página web y soy quisquillosa con cosas así pero creo que encontré la razón por la cual nunca encuentro información sobre estos eventos hasta el último momento. Parece que las instituciones y organizaciones que crean y promueven eventos culturales en la Isla tienen un problema con su informática.
Lo que quiero decir es: tienen que mejorar sus páginas web y su presencia en las redes sociales si quieren que la gente se entere de sus eventos. No es aceptable que el calendario de la página del Instituto de Cultura no se haya actualizado desde mayo. O que la página web del festival Cinears ni siquiera haya salido en mi búsqueda por Google. Cinemovida tiene muchísima información buena en su sitio pero es difícil de leer, tiene muchos errores y en cuanto a los eventos que promueven faltan datos básicos como las direcciones de los locales y quienes son los organizadores.
Es sencillo: Según más actualizada esté la información en la web y según más fácil de usar y encontrar sea la página, más accesible son los eventos al público en general. Sólo una observación.
Me gustaría seguir promoviendo eventos de esta índole y otras organizaciones como la Sociedad de Cine y Cinemovida. Si conocen o son parte de alguna por favor escriban en los comentarios o me envían un email a andrea.moya@elnuevodia.com. Intentaré hacer recorridos como este, mensualmente si es posible, para mantenerme a mí y a otros aficionados del cine al tanto de eventos y festivales de cine en Puerto Rico.
Lo que es obvio para muchos de los hacedores de cine en Puerto Rico, quizá no lo sea tanto para los que lo consumen. Hay un nuevo cine puertorriqueño desde la década del ochenta, cuando por razones tecnológicas que todos conocemos, el video análogo y luego el digital se convirtieron en la revolución liberadora de la prisión económica del cine fílmico.
Aquellos primeros unitarios de televisión que por alguna razón caprichosa duraban más de 60 minutos, como Obsesión de amor (c.1980) con Sharon Riley, o La Rosa Blanca (1979) de Elín Ortíz señalaron un camino para la producción de largometrajes de ficción que poco a poco pero de manera segura haría frutos.

“El impulso digital” a mediados de los noventa, diríase que fue un soberano empujón que nos rompió la boca contra el suelo. Muestras de excelencia del cine puertorriqueño como 12 horas (2002), Héroes de otra patria (1998), Plaza Vacante (2001) y El Callejón de los cuernos (1998) provocan que la esperanza se afirme sobre bases sólidas y abren las puertas a recursos y estructuras de producción que habían sido rechazadas por aquellos que entendían que de haber algún cine puertorriqueño, éste tenía que seguir como borrego incauto, los modos de producción estadounidenses.
Estadísticas del Archivo Nacional de Teatro y Cine del Ateneo han completado un registro de 1,187 películas puertorriqueñas o relacionadas a Puerto Rico desde sus inicios en 1898 hasta hoy. De todas esas muestras de todo tipo de cine (coproducciones, documentales, cortos, mediometrajes, animaciones y demás), aproximadamente 112 de ellas desde 1989 al 2005 han sido largometrajes de ficción puertorriqueños filmados en video análogo o digital.
Los trabajos de TUTV en colaboración con compañías productoras nuevas, que han dado a la pantalla excelentes trabajos como Desamores (2004), o los mismos producidos por ellos como Desandando la vida (2003), Revolución en el Infierno (2004), y Pa’ eso estamos (2005), por mencionar algunos de los últimos, han sido muestra fehaciente de que hay un proceso llevándose a cabo de la mano del Gobierno que en este caso, se trasluce en excelencia.
Las filmaciones de Cayo (2004), y de otras películas auspiciadas por la Oficina de Fomento de Cine, aunque en un tortuosa lucha con las estructuras de filmación y distribución norteamericanas, muestran la pujanza y el deseo de que ese nivel de producción continúe, aunque a todas luces sea disfuncional, no rentable y agotadoramente complejo.
La autogestión es la única manera que ha mostrado posibilidades de desarrollo y de excelencia artística. Es curioso como en los últimos meses, en las páginas de los diarios se da cuenta de numerosas producciones puertorriqueñas de películas en digital que se realizan sin siquiera saber si se podrán exhibir en alguna pantalla o en la televisión. Se hacen por la simple pasión de hacer cine, no para competir en el mercado americano ni para entrar en la ya impenetrable y absurdamente compleja cadena de distribución del cine comercial. Hay un cine que por su persistencia, -y con la tecnología a su favor- vencerá esas trabas.
La reciente producción de Taínos, -que no sabemos aún como pudo franquear los absurdos requisitos de las salas comerciales a quienes no les importa el cine puertorriqueño- es muestra de que una autogestión mesurada, sin pretensiones, puede alcanzar sus objetivos. Actores de cine nuevos como Josué Reyes y Christie Miró, protagonistas de esta película, mostraron que hay un talento actoral que no es el que siempre se considera obvio.
Como dije, muchas de estas producciones quizá sólo alcancen una pasada de estreno, 200 copias del DVD, y ahí quedaron. Por ello, será urgente que de la misma forma que se crea un cine nuevo en Puerto Rico, se creen nuevas avenidas para que este cine pueda ser disfrutado por nuestro pueblo sin las cortapisas de la distribución dominada por Estados Unidos, y sin la censura de la televisión local.
Al igual que el teatro o los espectáculos de entretenimiento, cada organización cultural, cada municipio, debería proveer un espacio alternativo como red de distribución de este cine.
En este momento el laboratorio Gaspard de la Nuit del Ateneo filma su película Después de la Muerte. Nosotros no iremos al cine de un centro comercial, ni mucho menos por su contenido nos dejarán espacio en la televisión. Pero ya tenemos hablados varios centros culturales de la Isla que han mostrado decisivo interés en que se proyecte la película. Así, se mostrará en la serie de Cine Sin Pantalla del Ateneo, y si aún existiese el Cine Ballajá, allá iremos a proponerlo. Pues fue el cine Ballajá un espacio imprescindible para que este cine nuevo puertorriqueño encontrara casa, por lo que resulta vergonzoso que este vital esfuerzo se vea ahogado por la burocracia cultural nacional.
Estoy seguro de que el pueblo apoyará este nuevo cine que se está haciendo y con la ayuda de los municipios se podrá lograr, como la ya iniciada gestión de los alcaldes de Manatí y San Germán, quienes muestran un ávido interés porque sus pueblos vean el cine puertorriqueño, e incluso de que las bellezas de sus municipios se usen como locaciones fílmicas.
Dejemos de soñar con esa desleal y absurda competencia con las estructuras del cine norteamericano, avenidas que siempre serán estrechas y tortuosas para nosotros. Revaluemos esos esquemas de producción que nunca podremos alcanzar con nuestra realidad económica tercermundista. Nuestro cine puertorriqueño no tiene nada que ver con ellas y si algo los une, es sólo la ambición de los cineastas nacionales de parecer, producir y vivir como lo que no son ni podrán ser. Esa “pesadilla norteamericana del cine puertorriqueño” no debe ocurrir nunca.
Exploremos la avenida de una distribución nacional alternativa, que con tiempo y entusiasmo, estoy seguro de que será ancha y libre para todos.

El autor es Director General del Archivo Nacional
de Teatro y Cine del Ateneo Puertorriqueño.
www.ateneopr.com
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HISTORIA DESCONOCIDA
Y MANIFIESTO
POR UN CINE PUERTORRIQUEÑO
INDEPENDIENTE Y LIBRE
por ROBERTO RAMOS-PEREA
"El cine puertorriqueño tiene un gravísimo problema:
quiere parecerse al cine gringo.
Y por ansiar eso, nuestro cine enfrenta el peligro de volverse irrelevante, de carecer de contenido,
lenguaje propio y pertinencia; y ya pronto, si no le apuntalamos con la Historia de la nación
que le da origen, si no le exigimos su propia identidad, si no lo liberamos... se volverá inútil.
Cuando un cineasta puertorriqueño toma una cámara y sin pedirle permiso a nadie,
sin un centavo en su cartera y con la millonaria riqueza del amor de sus amigos
igual de esperanzados que él... nos cuenta una historia en la que
importa mucho más su contenido que su forma o su expectativa, entonces creamos
cine independiente puertorriqueño:
cinelibre."
Acceda a todo el MANIFIESTO en:
Editions Le Provincial
San Juan de Puerto Rico
2008
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